Cinco minutos de silencio por los más de cuarenta mil muertos, horas de transitar por las calles del Distrito Federal de una marcha que comenzó en Cuernavaca, lágrimas que en sus líquidos cuerpos reflejan el dolor del alma de un pueblo lacerado por la impunidad, la violencia y la falta de atención por parte de los órganos de gobierno.
La palabra impotencia pudiera describir el sentimiento de todos y cada uno de aquellos que se subieron al templete a dar testimonio de sus tragedias y que contagiaron a muchos de los que ahí estuvimos. Gritos de una sociedad que exige un cambio en la política armamentista de un presidente que quiso legitimarse a través del uso de las armas, encontrando en la guerra su preciado capital político.
Sería una gran mentira decir que no hubo presencia de diferentes frentes entre los que puedo mencionar a gente muy cercana al proyecto MORENA, así como miembros del SME y simpatizantes del EZLN. También vale la pena mencionar que organizaciones como GREENPEACE, Amnistía Internacional, Periodistas Sin Fronteras, así como grupos que defienden los derechos humanos y grupos de personas con preferencias sexuales diferentes se dieron cita al lugar y avanzamos juntos. El grupo fue multicultural, con la presencia de jóvenes de la UNAM, UACM, IPN, UAM, así como de muchos otros que demostraron de diversas formas su preocupación ante el actual estado de descomposición social que vivimos. La consigna: Manifestar inconformidad ante la política militar que prevalece en diversos estados del país, así como la búsqueda de regenerar el tejido social.
Pero, ¿qué ganamos con llevar a las calles a cientos de miles de personas? ¿En qué momento se capitalizará el esfuerzo de todas esas personas que de la mano de Javier Sicilia avanzamos hasta el Zócalo capitalino? Las respuestas a estas dos preguntas no tienen una respuesta en el corto, e incluso en el mediano plazo. La marcha debe de ser vista como el comienzo de una reformación civil. Las exigencias fueron claras y para nada tendientes a reforzar a algún partido político o a algún proyecto alternativo de nación específico. La marcha no fue declarada ni de Izquierda ni de Derecha, sino por el contrario, con la única dirección de exigir las garantías constitucionales de vida digna.
Los seis puntos que se incluyen en el texto del pacto nacional, que fueron leídos y recalcados por Sicilia y compañía son extremadamente claros, no pedimos imposibles. El discurso tocó varios puntos relacionados con dicho pacto, entre otras palabras que mezcladas con la sabia lírica del poeta, despertaron en más de uno la sensación patriótica perdida por la nefasta cultura de la indiferencia. El dolor de un padre convertido en reclamo.
Un punto importantísimo dentro del Pacto y que debe de atenderse a la brevedad es el que dice claramente que se debe de “romper el control corporativo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, dirigido por Elba Esther Gordillo, que en vez de funcionar como unidad magisterial suprema, sirve de capital negociable para los partidos políticos, comom lo fue en el año 2006.
Sicilia dijo: “Esta casa donde habita el horror no es el México de Salvador Nava, de Heberto Castillo, de Manuel Clouthier, de los hombres y mujeres de las montañas del sur -de esos pueblos mayas que engarzan su palabra a la nación- y de tantos otros que nos han recordado la dignidad, pero sí lo es”. Dichas palabras han sido manipuladas al antojo de los poderes fácticos a los cuales también hizo referencia. Si bien, algunos de los nombres son de políticos Panistas, llevan en cada letra la representación de la oposición contra el poder que en aquellas épocas imperaba en Los Pinos. Ese mismo poder del cual Felipe Calderón se quejó y tacho de injusto. Paradójico, ahora el que no escucha y emite juicios contra quien no sigue su discurso aparece día a día en su espejo.
Otro párrafo que me sigue haciendo eco es el siguiente: “Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos”. Aquellos como Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas, y ahora Alejandro Encinas protector de Julio César Godoy Toscano quien es medio hermano del gobernador de Michoacán y socio del narcotraficante “La Tuta”. El mismo Calderón coludido en el escándalo de Hildebrando, sin olvidar al ex candidato presidencial Arturo Montiel, que nunca ha pagado ninguno de los crímenes de los que fue acusado. Delincuentes todos ellos de cuello blanco.
Asimismo, desligó a la marcha de cualquier filiación política, lo cual me parece más que correcto, una granada para todos aquellos que quisieran capitalizar de alguna forma el movimiento puro que significó el organizar a la sociedad civil a participar y despertar su compromiso ciudadano.
Los invito a leer tanto el pacto nacional, como las palabras que dijo el Maestro Sicilia, ya que si bien, como lo recalco y afirmo con la frialdad que impera en esta triste realidad, la solución muy probablemente no quedará en este sexenio, pero si puede convertirse en precedente para que sea parte de la agenda legislativa de los que están por comenzar sus respectivas campañas.
Lo más importante queda en lo que cada uno de nosotros podamos aportar a la sociedad. Nosotros somos la materia prima de la nación, asumamos la responsabilidad histórica de apoyar este tipo de movimientos sociales sin fines específicos de partidos, que dicho sea de paso, esas instituciones llenan sus bolsillos con dinero del erario público y no actúan de forma honesta, justa, equitativa y digna.
Seamos parte de ese cambio de mentalidad de la cultura de la indiferencia, vivamos nuestra democracia no solamente asistiendo a votar a las urnas, sino también, participando activamente en la elaboración de propuestas y demostración de inconformidad cuando una política, como la armamentista de Calderón, día a día matan a cientos de mexicanos.
Esperemos y que no sea cuando tengan que experimentar la muerte de algún familiar cercano, el momento en que “les caiga el veinte” como decimos coloquialmente. Sumemos esfuerzos, no permitamos la división social que los partidos políticos han provocado. Lleguemos a acuerdos, que solo así se construyen grandes naciones.